Argentina: la pasión

Cuando uno viaja a “la” Argentina se tiene la sensación de que Europa y USA han perdido esa autenticidad de los momentos simples cargados de sentido en lo que a la vida se refiere. Nos basta, a mi y a los grandes amigos con los que viajo, con ver a este padre y a este hijo en el exterior de la cancha de Boca Juniors, un sábado de primavera por la mañana, aún a 7 horas de espera para que empiece el partido. Esta imagen dice mucho en todos los sentidos.

El ambiente se caldea por momentos, comienzan a aparecer hinchas y las calles del barrio de La Boca se visten de azul y amarillo. Maradona parece omnipresente, y no sólo eso, sino que todo el mundo habla de él a cada segundo. Me vienen a la cabeza las palabras que hace unas horas nos ha dedicado un importante entrenador argentino con el que hemos tenido el gusto de charlar durante unas horas en el famoso café Tortoni: “en Argentina la pasión manda”. Y qué razón lleva.

Comencemos poniendo el ejemplo del fútbol y lo apliquemos al resto de aspectos de la vida de occidente. ¿Por qué Maradona y Messi debían ser argentinos? ¿Por qué para generar un buen futbolista en Europa se necesita una inversión 100 veces superior (100 veces si) que para generar un buen jugador en Argentina o Brasil? La respuesta es sencilla: espontaneidad, improvisación. Podemos llamarlo así o podemos darle otros nombres, pero todos llevan a lo mismo: en Europa cualquier crecimiento deportivo está controlado al milímetro (y eso genera, claro está, deportistas buenos) y en Argentina se deja lugar a la imaginación y a la ocurrencia de infinitos hechos fortuitos (que generan también deportistas muy buenos). No es uno mejor ni peor que el otro, son dos metodologías, dos caminos, sólo eso.

Expliquemos esto. En Argentina basta soltar un balón en la calle y se organiza un partido al momento, no importa si hay porterías reglamentarias o si son dos piedras, no importa la hora del día o de la noche; qué más da si el balón es redondo o no, si hay que recorrer 12 kilómetros a pie para ir a entrenar y volver; qué más da… Todo eso genera unas circunstancias muy dificiles de simular que conllevan unas situaciones cambiantes y nuevas para el jugador. Eso es un muy buen entrenamiento que lleva al jugador a estar preparado para cualquier circunstancia del juego.

Esto mismo que hablamos para Argentina ya no es algo tan frecuente como hace unos años en nuestras calles, y en Europa es simulado hasta el detalle más pequeño. Es habitual contar con balones de rugby, comprados, para los entrenamientos de fútbol, y con postas y pelotas de tenis. Pero es que todo eso ya lo tienen en otros países, no es necesario que el balón sea el del último mundial con una precisión y peso perfectos y luego tener que comprar otro de rugby para propiciar distintos botes y mejorar la velocidad de reacción del jugador; es que esto mismo se consigue en un campo normal con un balón normal y con unos amigos bien dispuestos a pasar un buen rato, sin poner pegas, sin tener que pasar por ningún Decathlon ni tener el equipo ideal. Recordemos que hace unos 15 años nadie tenía Decathlon, todos íbamos con un pantalón de deporte normal y se jugaba a fútbol, baloncesto, tenis, se corría y se hacía MTB. Aprovecho para hacer una crítica graciosa a aquellos que se equipan con 100 euros para practicar cualquier deporte y luego pierden, es que el branding no lo es todo, tiene que haber algo potente de fondo. Resultado: pasión y Argentina, Argentina y pasión.

Ojo, no confundamos, para nada digo que ya no ocurra en Europa, pero si que se trata de la frecuencia: ya no es tan habitual ver niños jugando en la calle, ya se han controlado mucho más los procesos y se ha generado una especialización que aporta aspectos muy destacables pero que ha acabado con esa espontaneidad.

La crisis mundial, y especialmente acusada en España, está generando unas políticas “novedosas” en cuanto a I+D+i que para nada tienen que ver con medidas reales que se deberían tomar.

Pasemos del fútbol al terreno empresarial. Hoy en día los gobiernos nacionales y autonómicos están intentando fomentar la ‘innovación’ y también el espíritu emprendedor. Cuando veo esto me pregunto cuánto imbécil hay en la política que parece haber nacido con 30 años, ya con traje, y no haber vivido nada de ahí para atrás; ni haber trabajado para nadie, ni encontrarse ningún escollo en su camino. Digo esto porque lo que se está haciendo es algo así como… creemos escuelas de innovación, donde les digamos a la gente cómo hay que innovar. Metamos a los chavales en escuelas de fútbol, y digámosles cómo han de jugar. Y así, todos vamos con la táctica del 4-4-2 por la vida y son unos pocos con talento (yo no, humildemente quedo fuera) los elegidos que realmente hacen innovación. Es sangrante observar cómo algunos chavales de 8, de 12, de 15 años… por poner edades aleatorias, y que poseen un talento absolutamente genial, son desperdiciados en esta sociedad. En general, la sociedad tiende a obligar a las ovejas pintadas de color a volver a pintarse de blanco para sobrevivir a gusto; y la culpa de esto, en parte, la tienen los dirigentes por su mentalidad obsoleta que, inherentemente en todos sus gestos y decisiones, transmiten a sus ciudadanos.

Chavales (y con chavales me refiero a los desdichados políticos que no fueron agraciados con dotes para ninguna otra profesión en esta vida que no sea la de apalabrar nubes en oídos ajenos) ustedes están cortando por el mismo patrón a todos sus ciudadanos. ¿Qué pensaría alguno de vosotros si un día su secretario/a se presenta vestido de gótico a trabajar? Claro, es que hay formas y formas… es decir, que hay normas, ¿verdad? Eso no son normas, las normas son directrices que hacen que todos vivamos en paz en un ambiente de respeto mutuo, pero que alguien vista gótico o con bermudas y chanclas no afecta a nadie, no es una falta de respeto y, por supuesto, no significa absolutamente nada más allá de que esa persona tiene un gusto excelente por ir cómodo y diferenciarse. “Enhorabuena” a los empresarios que después de leer este párrafo se planteen contratar un equipo de 10 creativos y les exijan a los 10 vestir igual, comportarse igual y tener los mismos gustos. Enhorabuena, y ahora sinceramente, a los empresarios que después de leer este párrafo se plantean contratar a un equipo diferenciador, multiétnico y donde cada uno de ellos aporte una cultura diferenciada a los demás para una integración común.

Centrando el tema… no se está generando una cultura innovadora, se está fomentando un empujón a personas que nunca innovaron al grito que desde la administración se lanza de “sed innovadores coño!!!”. Y si durante el colegio no te mostraron que hay que romper algunas normas, durante el instituto que hay que hacer algo diferente y que aportar tu grano social es sumamente importante y, durante la universidad, que lo importante es el grupo y no el individuo… entonces no hay fondo innovador ni social en el que rebuscar. Los dirigentes están haciendo políticas de fomento de la innovación a corto plazo únicamente, da igual lo que pase dentro de 10 años cuando los chavales de 8 años cumplan los 18 y se encuentren igual de desprovistos que ahora de destrezas ante situaciones que no son las habituales como la actual de la crisis. ¿No sería bueno generar una política en materia de educación consensuada por todos los grandes grupos políticos y que pudiese extenderse en el tiempo más allá de los 4 u 8 años habituales de cada legislatura? La solución: deportes de equipo. ¿Son nuestros dirigentes conscientes de la importancia de establecer políticas de fomento del deporte base? No hacen absolutamente nada. Sólo a corto plazo, sólo cursos de mierda de ‘posicionamiento web’ y ‘redes sociales’. Seamos realistas, es importante, pero es que eso lo hace todo el mundo ya… ¡hagamos algo diferente!

El otro día vi con asombro cómo dos chavales extremeños, emprendedores, Héctor Julio Palomo y Adrián Navarro (@aguarate @adrinavarro), de 18 y 22 años, habían creado una herramienta de intercambio de ficheros (netkups), con mucho acierto y con una buena dosis de innovación. Eso si es innovar, nos quedaron a todos estupefactos en las presentaciones de proyectos, y creo que no peco en exceso si digo que en la mente de todos los asistentes se dibujó un “vaya buena idea!”. Hay que confiar en este tipo de proyectos, pero con todo el peso, hay que ir con todo, y no en otros obsoletos que llaman a las puertas de las consejerías de los gobiernos. La pregunta aquí es ¿existen mecanismos bien articulados que permitan apoyar los proyectos buenos y evitar los malos? No, habitualmente se malgastan fondos en apoyar proyectos absurdos y obsoletos, que acaban en la misma vía muerta de siempre, y en los cuales los políticos son directos responsables.

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