El sobrecoste en sanidad

Vivo en un región donde se confunde el tener una buena sanidad con tener una sanidad eficiente. Y no son lo mismo. No es lo mismo “qué buena caña de cerveza me han puesto” que “qué buena caña de cerveza me han puesto por 10.000€”. Y si en ambas afirmaciones la caña de cerveza es la misma… entonces en la primera falta información. Pues esto es lo que ocurre a menudo con la sanidad, donde en una misma ciudad pueden coexistir varios hospitales (públicos y privados) y generar un sobrecoste de hasta 10 veces superior en uno que en otro. Y esto ocurre, con datos en la mano.

Al hablar de sanidad estamos contextualizando el problema de la eficiencia productiva en un sector bien definido y ámpliamente conocido, pero sus conclusiones pueden aplicarse a otros sectores a través de los correspondientes matices. Y no solo lo podemos estudiar desde un punto de vista macro o microeconómico, sino que exige una desagregación a distintos niveles para poder llegar a detectar y analizar las distintas desviaciones que pueden producirse (esto en el caso de que exista una previsión fiable, bien basada en datos históricos o en otros datos de casos o situaciones análogas).

Cuando se dispone de una previsión, por ejemplo de gasto por paciente, minutos de atención por paciente, número de pruebas diagnósticas por paciente, etc, se dispone de datos para poder tomar decisiones. Por lo tanto, uno de los puntos importantes es el big data, disponer de datos duros que es como se conoce también a este importante activo de las organizaciones hoy en día. Pero no solo datos como los citados, hay que desagregar aún más, ya que de nada vale saber que se ha gastado un millón en atención en urgencias y que está un 10% por debajo del presupuesto, de nada sirve conocer que el gasto por paciente se ha reducido en un 15%, de nada.

A priori puede parecer que si hay un 15% menos de gasto por paciente el presupuesto se ha cumplido con creces y se ha hecho una excelente gestión. Muchos de estos datos están accesibles en portales gubernamentales de open data, o de organizaciones intergubernamentales como el Banco Interamericano para el Desarrollo. Pero esto es un error muy grande, hace unos años quizá no, pero hoy en día es un error tremendo dar un dato así, o basar la toma de decisiones en un análisis tan falto de contenido. Hoy se dispone de una ingente cantidad de datos, y eso supone que se deba ir hacia un análisis mucho más profundo:

  • Es valioso conocer qué porcentaje de pacientes han sido diagnosticados de algo y ese diagnóstico ha sido erróneo, y para esto es necesario recopilar datos que hoy en día no se recopilan
  • Es valioso conocer qué pruebas diagnósticas de las realizadas hubieran sido prescindibles, pues así se puede valorar qué ahorro se podría haber producido
  • Es valioso conocer los tiempos, pues todo coste en tiempo tanto para paciente (cliente o usuario) se traduce en tiempo para la organización y, por tanto también, se traduce en un coste. Recordemos, y esto es importante, demora es igual a coste

Cuando aparece una desviación con respecto a la previsión es obligatorio entrar a desagregar los valores que componen esa partida para poder detectar el problema y así subsanarlo. En sanidad, por ejemplo, estos problemas no son problemas como tal, sino fallos del diseño organizacional donde existen procesos, procedimientos y cultura mejorables que, en todos los casos, suponen fugas en forma de costes innecesarios que se están asumiendo. No es de recibo que dentro de una misma ciudad, por ejemplo, existan dos hospitales y en uno se incurra en el mismo servicio en un coste hasta diez veces superior que el primero.

Estos son costes innecesarios que normalmente se asumen en los presupuestos sin ni siquiera ser cuestionados. Tanto organizaciones privadas como administraciones públicas asumen partidas presupuestarias, anunciando éstos últimos a los cuatro vientos a la voz de “hemos invertido en sanidad” cuando realmente es una frase tan vaga que no dice nada, pues lo que realmente aporta es una buena gestión de la organización, en todos los ámbitos y en todos los sentidos.

  • Ayudar a garantizar que las políticas estén respondiendo a las necesidades reales de la comu- nidad, lo que a su vez puede llevar a mejores resultados para la población en el largo plazo.
  • Destacar la urgencia de una cuestión o problema que requiere atención inmediata. Lo anterior es importante en la obtención de fondos y recursos para la política que se va a desarrollar, implementar y mantener.
  • Permitir compartir la información entre los demás miembros del sector público, con respecto a cuáles políticas han o no han funcionado. Esto puede mejorar el proceso de toma de decisiones.
  • Reducir el gasto gubernamental que, de otra manera, podría dirigirse hacia políticas o programas ine caces que pudieran ser costosos y consumir mucho tiempo.
  • Producir un rendimiento aceptable de la inversión financiera que se asigna a programas públicos, mejorando la provisión de los servicios y los resultados para nuestras comunidades nacionales.
  • Asegurar que las decisiones se tomen de una manera que sea coherente con nuestros procesos democráticos y políticos, los que se caracterizan por la transparencia y la rendición de cuentas1.