Reinventar el sistema financiero. Las ‘fintech’

Sirva esta foto de la city, de Londres, como ejemplo de la unión entre tecnología y finanzas, para reflejar todo el potencial de uno de los próximos stages en el camino de progreso mundial en el que estamos inmersos. El denominado ‘fintech’, neologismo que surge de unir los conceptos ‘finantial’ y ‘technology’, está revolucionando cuanto se tenía como intocable hasta hace poco más de cinco minutos.

Los medios comienzan a hablar de ello, algunas nuevas empresas han lanzado ya algunas aplicaciones y sistemas y, sobre todo, las organizaciones financieras (públicas, bancos, fondos y demás intermediarios, etc) comienzan a revolverse en la silla, todo para buscar ideas y desarrollos, bien a nivel interno dentro del área tecnológica de la empresa, bien fuera a través de la adquisición o una inversión de otro tipo en alguna startup con productos fintech muy definidos y a muy corto plazo.

La tecnlogía había entrado en muchos campos, por no decir todos, algunos incluso tan técnicos como la medicina donde los desarrollos llevan un alto componente de investigación y de validación, con lo que ello supone a nivel financiero, valga la redundancia. O la aviación, donde son tan imprescindibles ya como en medicina. Es por esto que sorprende la tardía llegada de la tecnología a diferentes niveles financieros: especialmente el de las finanzas personales. Pagos, transacciones, banca online, negociación de mercados, gestión de materias primas, financiación colectiva, desarrollo de sistemas de seguridad financiera, asesoramiento online, monederos digitales y decenas de opciones más; todo ello tiene cabida en una próxima revolución que mejorará los procesos y hará más sencillo, por ejemplo, el operar en ciertos mercados.

¿Qué quiere decir esta revolución? Que existe un nicho de mercado y que si en tu región no hay nadie todavía generando soluciones en este sentido… tienes ante ti un camino empedrado por el que puedes llegar a tu objetivo de empresa rentable. Música, retail, viajes, televisión, prensa, transporte de pasajeros, producción de contenidos… todos estos sectores ya han disfrutado de sendos cúmulos de nuevas startups que han cambiado, y están cambiando, el modo en el que los usuarios entendemos el consumo.

La banca, como decíamos más arriba, está aún perdida, más de lo que parece. Casi con toda seguridad tu banco sigue ofreciéndote unas claves difíciles de recordar para acceder a su área de clientes online, y también puede que te haga llamar por teléfono a un número y hablar con una operadora cuando se te pierde la tarjeta. No se queda atrás la dificultad para realizar transferencias o recibirlas, y qué se puede decir de la experiencia de usuario: un desastre. Lo último que he visto es algunas cajas de ahorro guardar todavía las claves de los clientes sin encriptar en su base de datos, algo que tengo mis dudas de si es legal, sin duda es una gran brecha de seguridad.

Esta revolución ‘fintech’ no va solo de que los usuarios elijan sobre modos de pago o usos, sino que se trata de datos, de ofrecer productos con un grado de acierto, que es donde la banca quiere ahondar, reduciendo además sus propias estructuras (cada vez vemos más flexibilidad en oficinas y más atención por teléfono/internet). Y es este el único camino posible, en cuanto empiecen unos los otros deberán seguirles por pura competitividad sectorial. Siempre que una aplicación, un sistema, es capaz de hacer lo mismo sin intermediarios y reduciendo la cadena de valor sobre lo que antes de hacía de otro modo, la industria que antes lo dominaba acaba cediendo.

El éxito de los nuevos servicios fintech se deberá basar en la propia competencia contra las entidades financieras tradicionales, a la vez que éstas nuevas empresas (u organizaciones) puedan vender soluciones a las entidades de siempre. Lo comentábamos más arriba: el sector financiero se revuelve en la silla buscando soluciones; es muy parecido a lo que pasó con los contenidos audiovisuales: las plataformas que han cambiado el modelo de consumo (tipo Netflix) han resultado ser canales ideales para las grandes productoras de siempre pero aceptando las nuevas reglas. Esto suena mucho a Apple; es decir, a innovación, a ruptura.

El ejemplo fintech que se pone como paradigma es Kantox, una startup española focalizada en el intercambio de divisas en empresas y que recibió un apoyo determinante en las primeras rondas de financiación (un total de 6,4 mill. de euros) para afianzar su crecimiento y que fueron aportados por varios fondos de inversión internacionales. Pero hay otras que conviene seguir como pueden ser Spotcap (una plataforma de préstamos online para empresas y apoyada por la incubadora alemana Rocket Internet) o Planwise (plataforma de asesoramiento financiero cuyo target es el público en general para ayudarles a planificar sus finanzas personales), Finanzarel (un martketplace lending o una evolución del crowdlending, para invertir en facturas, pagarés y efectos comerciales a c/p de grandes empresas) o BillGuard (lucha contra el fraude alertando a los usuarios de cargos ocultos en determinados servicios financieros).

Como vemos se comienza a profundizar en soluciones novedosas. ¿Necesito estar en un polo tecnológico como Silicon Valley, Lisboa, Dublín o Berlín para desarrollar en ‘fintech’? Las dos últimas décadas nos han demostrado que con un ordenador, con un correo electrónico y algún viaje al extranjero a ferias y para hacer contactos se puede casi conquistar la luna.

 

 

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario