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El Grito de Munch

No tengo ni la menor idea de arte. Pero me gustaría tener cien años para saber más. Si hay un momento que tengo grabado en mi mente es este cuadro, ‘El Grito’ de Edvard Munch, del que vi una de sus versiones en la National Gallery de Dublin allá por el año 2009 (existían cuatro copias originales y alguna más posteriores…). Ambientado en una sala con pocas sombras, casi a oscuras con fondo negro, con ese aire que da Dublín además, todo el cuadro quedaba expuesto a la perdición humana. Parecía el origen de esa insoportable levedad del ser de la que habla Kundera tanto y tan bien en su tolstoisiano libro. Uno llega y lo contempla durante varios minutos, cada línea curva y difusa que lo compone, y jamás lo olvida, se queda en la memoria para siempre, y con excesivos detalles. Contémplalo durante unos minutos más y sentirás la muerte que viene a por ti prematuramente. Es tan desgarrador ese cuadro. Si teneis la oportunidad de ir a Oslo… por favor no dejéis de ir a verlo, merece la pena gastar unos cuantos euros por perderse por la mente durante unos minutos. Las palabras exactas es que produce inquietud, sin más, sin anestesia; inquietud en estado puro.